Hacer el Camino de Santiago en primavera suena a plan perfecto. Marzo es el mes en el que las horas de luz aumentan más rápido, lo que permite disfrutar de las etapas con mayor tranquilidad y llegar a Compostela sin prisas. En cambio, desplazarse en exteriores en esta época del año supone un reto para quienes son alérgicos al polen, una afección que, según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), afecta a casi un cuarto de la población.
Las recientes cadenas de borrascas han incrementado la presencia de estas partículas microscópicas en el aire. Los alergólogos advierten de niveles de polen superiores a lo habitual. Las previsiones de la SEAIC para 2026 anticipan una temporada con sintomatología «explosiva». La zona norte de España roza niveles máximos, con una temporada que ha adelantado sus picos a febrero, empieza una polinización tardía y cuya duración se prevé que se extienda. Una tendencia cada vez más marcada en los últimos años y que se relaciona en parte con el cambio climático. Los principales responsables son las gramíneas, el plátano de sombra y las cupresáceas (cipreses y cipreses de Arizona).
Rinitis, picor de ojos y de nariz, congestión, jaquecas e incluso episodios de asma pueden convertirse en molestias inesperadas durante tu aventura peregrina. A continuación, te contamos cómo aliviar los síntomas si tú o alguno de tus compañeros los padecéis:
Planifica las etapas según la concentración de polen
- Meteorología: Plantéate optar por días nublados o incluso con ligera lluvia para ponerte tus botas peregrinas, por muy tentadora que resulte una semana de buen tiempo. Los picos de concentración polínica serán menos acusados y te será más fácil gestionarlos que el combo de síntomas ocasionado por ese primer día de sol después de la lluvia.
- Zonas: Intenta que tus etapas no atraviesen zonas de alta concentración de estos alérgenos. Exponerse el mínimo a campo abierto facilita el avance de las etapas con bienestar.
- Hora: El polen suele concentrarse a primera y última hora del día. Considera ser el peregrino excepcional que no sale nada más que amanezca.
Antihistamínicos y espray nasal serán tus mejores aliados
Viaja siempre con los medicamentos que te han prescrito. Aliviarán los síntomas y te permitirán casi olvidarte del polen que flota en los bosques del norte. Considera consultar tu tratamiento con tu médico de cabecera antes de hacer el Camino; puede que una modificación de las dosis de manera temporal también te ayude a mantener la situación bajo control.
Gafas de sol y mascarilla si tienes alergias muy fuertes
Las gafas de sol, además de protegerte frente a la luz, actúan como barrera física frente al polen, reduciendo la cantidad de partículas que entran en contacto con los ojos. Los modelos con mayor cobertura lateral resultan más eficaces para frenar la irritación, el picor y posible lagrimeo.
El uso de mascarilla en exteriores cumple una función similar en las vías respiratorias, ayudando a filtrar los agentes alergénicos antes de que alcancen la nariz y la garganta. Esto supone una reducción de la congestión y los estornudos, sobre todo en las inmediaciones de zonas verdes.
Instala aplicaciones móviles de seguimiento
Las aplicaciones meteorológicas, junto con Polen Control o Pollen Wise, serán tus fuentes de información diarias durante el Camino. La primera es siempre un imprescindible para consultar el pronóstico del tiempo, pero te ofrece también índices de información polínicos.
Polen Control, desarrollada por la SEAIC, permite registrar los síntomas y verificar, según tu ubicación geográfica, la incidencia de hasta 22 pólenes distintos.
Pollen Wise es una alternativa internacional que también te da la opción de anotar la evolución de tu estado de salud a lo largo de la temporada de alergia y facilita un informe cada hora sobre la concentración de partículas en suspensión.
Mantén una higiene adecuada
El polen se adhiere a tu ropa, pelo y piel, por lo que puede seguir provocando síntomas incluso después de haber regresado al albergue. Un cambio de ropa inmediato, evitando sentarse o tumbarse con las prendas de exteriores sobre la cama, y una ducha al final del día ayudan a eliminar los restos de polen acumulados. En esa misma línea, el lavado regular de tu vestuario y su posterior tendido en interiores los días de mayor concentración evitan una exposición prolongada innecesaria.
Reduce la ventilación al mínimo imprescindible
Los expertos recomiendan ventilar cada habitación entre 10 y 20 minutos al día. Mantener las ventanas abiertas en el tramo inferior de ese intervalo suele ser suficiente para asegurar una correcta renovación del aire y preservar un ambiente seguro para las personas alérgicas.
